miércoles, octubre 31, 2007
Perhaps vampires is a bit strong but... - Arctic Monkeys
Well I've seen your eyes as they FIX on me
What is he doing? What on earth's the plan? Has he got one?
You'd better give me some pointers
Since you are the big rocket launcher and I'm just the shotgun
Well I ain't got no dollar signs in my eyes
That might be a surprise but it's true
That I'm not like you and I don't want your advice
Or your praise or to move in the ways you do
And I never will
Cause all you people are vampires
And all your stories are stale
And though you pretend to stand by us
I know you're certain we'll fail
Well I've seen your eyes as they FIX on me
Full of confusion
Your snarl is just so condescending
Try to explain that we're onto a win
If THE FEE WE GET IN
Near recoups what we're spending
He says, I can't believe that you drove all that way
Well how much did they pay ya? How much did they pay ya?
You'd've been better to stay round our way
Thinking 'bout things but not actually doing THE THING
Cause all you people are vampires
And all your stories are stale
And though you pretend to stand by us
I know you're certain we'll fail
Cause all you people are vampires
And all your stories are stale
And though you pretend to stand by us
I know you're certain we'll fail
All you people are vampires
lunes, octubre 29, 2007
sábado, octubre 20, 2007
martes, octubre 16, 2007
DEFINITIVAMENTE, NO.
No, no siento nada cuando llueve,
no hay depresión,
no me dan ganas de timarme un plomazo,
no.
Ni poquita angustia.
No, no se me parte el alma con la miseria,
no me quedo pensando,
no me dan ganas de arrojarme a las vías,
no. Ni por aquí me ha pasado.
No, ni el pulso me cambia,
no siento nada cuando veo la bandera
ó a Jesús,
no, no me da por pensar.
(Arturo Accio)
martes, octubre 02, 2007
No soy de los que odian.
Cuando niño fueron tantas las veces que me prometieron cosas que no tuve que a estas alturas me es imposible sentir rencor. Estoy acostumbrado a no salirme con la mía desde entonces. No hay mayores caprichos en mi vida ni suficientes promesas sin cumplir. No espero nada del mundo porque sé que si llego a obtenerlo inevitablemente terminarán por quitármelo.
Gran parte del tiempo estoy más triste de lo que aparento, pero no encuentro la manera de decirlo sin involucrarme en una exposición de las cosas que prefiero mantener ocultas para no agitar la marea más de lo que ya está.
Esas son las noches cuando me quedo en silencio o mis huidas repentinas al sol un domingo por la mañana. Escapes desesperados para no dejar aflorar la rabia. Esas son las cosas que he aprendido con el tiempo. Siempre soy yo el que pierde y ese, como todos los hábitos, es uno con el que se aprende a vivir con la esperanza de que suceda algo más trágico que me ayude a guardar lo que de verdad me importa en el mismo cajón donde tengo años acumulando desilusiones.
Ni siquiera tengo el valor de hablarlo. No quiero erosionar la frágil línea que separa lo privado de lo público. Pero siempre encuentro eufemismos dispersos, pistas para que las lea la persona interesada y haga lo que siempre hace con ellas: borrarlas con intentos poco sutiles de disculparse sin dejar ver su debilidad ni hacer mella en su orgullo.
Tengo años difuso entre las cosas que estoy dispuesto a hacer y las que se consideran incorrectas. Tengo años dibujando manos cogidas bajo la lluvia y besos húmedos al caer la tarde. A veces los logro y sonrío y me olvido. A veces, simplemente, no es eso lo que pasa.
¿Cómo digo lo que quiero decir sin herir a nadie?
¿Es acaso posible?
Lo que más duele de estar decepcionado es que hay sentimientos más fuertes que es preferible mantener resguardados ante la mínima posibilidad de perderlos del todo. Toda mi vida consiste en eso. En pedir más tiempo, en cuidar que no se viole ninguna clausula del contrato, en hacerme la vista gorda ante las heridas a las que no siempre se les da importancia y esperar tener la suerte de obtener otra prórroga.
No es quedarme solo lo que me asusta.
Es perder lo único que me importa perder entre demasiadas cosas que pierdo constantemente.
Por ese camino estrecho desfilaron mi dignidad, mis amigos, un buen trabajo, los aplausos, el dinero, la capacidad de hilvanar ideas con palabras, la vergüenza, el frío, el título que colgaría en la sala, el talento, el sueño de comenzar de cero en otro país, los ojos vendados, las esposas de felpa, las habitaciones de hotel, el respeto, la comida caliente, mis discos compactos, mi ropa de invierno y la muerte.
Por eso quiero conservar lo único que me queda.
Aunque tenga que tragarme la indignación y manejar mi decepción con lo mismo que se traga lo que nunca se ha tenido sin molestar a nadie más.
Gracias a Dios y a quien sea por el silencio.
Ese generador de tiempo extra que mantiene en su sitio el contenido de la botella que tarde o temprano, como la vida y tu primer beso, terminará por escaparse de tus manos.
Prefiero que sea de esta manera.
Ya se verá.

